Su valor artístico, devocional e histórico la convierten en una pieza única dentro del patrimonio religioso de la villa. Realizada por el escultor Federico Coullaut-Valera como reproducción fiel del Cristo original de Medinaceli, esta obra concentra en su madera siglos de devoción y un oficio escultórico de excepción.









En la parte posterior de la imagen se conserva una reliquia singular donada por los frailes capuchinos como muestra de reconocimiento: una pequeña astilla de madera procedente del Cristo original de Medinaceli.
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